miércoles, abril 05, 2006

La pipa. 1

El tráfico en la atestada carretera transpeninsular, avanzaba bajo las cortinas de llovizna que caían a principios de la mañana. Incómodos y apurados por llegar a sus ocupaciones, conductores y peatones batallaban por avanzar sin accidentes o al menos con los menores remojones posibles. Los más molestos eran los peatones, debido a la carencia de transporte público, ya que las líneas de microbuses cumplían el paro anunciado días antes en protesta por lograr un aumento a las tarifas.

Israel esperaba guarecido detrás de un poste de luz, con los cuadernos bajo el brazo envueltos en una bolsa de plástico del supermercado, mientras inútilmente extendía el pulgar al extremo de su brazo libre hacia la calle, en espera de que alguien le diera un aventón rumbo a su escuela. Asustado por el examen de matemáticas que debería presentar esa misma mañana, el muchacho empezó a maldecirse a sí mismo mentalmente, por olvidar el inconveniente del paro transportista anunciado en las noticias la noche anterior: "Es mi culpa por andar estudiando a última hora. Bien que mi mamá me decía que me acostara temprano. Menso, menso, menso."

Una especie de camión chato con un contenedor cilíndrico se detuvo en la esquina. Israel buscó el rostro del conductor a traves de los cristales empañados de la cabina, gritando:
- ¡¿Va para el centro?!
- ¡Súbete, chamaco!
Israel trepó por el estribo enlodado y alcanzó el asiento del copiloto. Un termo con olor a café humeaba en el portavasos del tablero.
- ¿Vas para la preparatoria del centro? Yo voy por la Calle Loyola, te puedo dejar en la esquina de la prepa.
- Gracias, señor, qué buena onda.